“La Oma”, DANIEL ALTAMIRANO/PEDRO FAVINI

 

Marta Hoffner(Hoepner) de Rabe, fue esa gringa alemana de ojos muy azules que motivó una obra narrativa, en forma de canto, por Daniel Altamirano y Pedro Favini.

Marta tenía la voz calma y suave de la gente que vivió la vida simple y compleja del trabajo del campo, pronunciaba de forma difícil palabras simples, en ese intento de convivir con nuevas culturas, idiomas, climas, pero sobre todo el desarraigo, la separación, la emigración de los hijos, la soledad..

Llegó desde Brasil, precisamente desde Joinville a los 27 años, siguiendo a su amado Armand Rabe, quien se había separado de ella durante 2 años en busca de mejoras económicas. Armand llegó a Charata y luego a San Bernardo. Aquí existía una abra (pampa) con ñandúes. Y el pueblo originario Mocoví, pobladores de esta región, cazaban estas aves y comían sus huevos. A este lugar se lo denominaba “Pampa del Huevo”. En 1933, Gonzalo Valentín Pando (colono), hizo los planos de un pueblo que en honor a su hermano llevaría el nombre Bernardo. Así, dejó de ser ”Pampa del Huevo” para ser“San Bernardo”.

Allí se reencontraron, se casaron y tuvieron tres hijos: Gerda , Ana (residente en California) y Martín (menor de los tres, residente en Buenos Aires).

El amor no fue para siempre. En la década del cincuenta, Armando decidió separarse de Marta nuevamente y viajó a Buenos Aires junto a su hijo Martín. Las otras dos hijas, Ana y Gerda, se fueron del monte chaqueño. Ana tuvo como destino los Estados Unidos, mientras que Gerda consiguió trabajo como secretaria del doctor Esteban Alejandro Mauro (quien venía desde Mendoza a trabajar en Chaco). Gerda veía seguido a su madre Marta, pero igualmente “La Oma”  pasaba gran parte de la semana sola en compañía de su entrañable amigo, un loro.

La Oma era muy trabajadora y orgullosa de su estirpe. Cultivó algodón y además realizaba todas las tareas del campo: sembró, crío vacas, gallinas, aves de corral y chivos. Para transportarse usaba una volanta tirada por burros.

La fiebre del folclore invadía el país , y en 1975, el mendocino Daniel Altamirano, llegó a San Bernardo junto a su grupo Los Altamirano compuesto por él y por sus dos hermanos Julio y Mario. En Chaco fueron a visitar a su co provinciano el doctor Esteban Mauro. En uno de sus viajes, el doctor Mauro, le pidió a “La Oma” que prepare un chivito para agasajar al grupo.  Así, el 25 de mayo de 1975, el doctor Mauro y Los Altamirano recorrieron cinco kilómetros, “pasando por picadas bordeadas de árboles hasta que llegaron al rancho de barro, apuntalado con quebracho colorado… ”

Más tarde el compositor Pedro Favini (tucumano) integrante del Trío San Javier le añadió música con ritmo de chamamé y en el año 1977, el grupo “Los 4 de Córdoba” (integrado por Víctor Godoy, Héctor Pacheco, Eduardo Márquez y Américo Albornoz) estrenaron el tema, logrando un éxito rotundo y convirtiendo esta canción en una de las más populares del repertorio folklórico argentino.
Recién en 1977, doña Marta Hoffner de Rabe se enteró de su proyección en el festival de Villa Angela, Chaco, donde fue llevada con engaños y la hicieron subir al escenario acompañada por Los Cuatro de Córdoba. La Oma recibió una impresionante ovación de la multitud, que coreó de pie la canción.
El año 1994 el Congreso de la Nación Argentina la reconoció como “mujer sobresaliente del año”.

Hoy no queda nada de aquel rancho de barro de su campo al que dejó en el ’87 para venirse al pueblo, porque ya estaba grande para estar sola y era preciso que se venga por cuestiones de practicidad, aunque no le gustaba mucho el ruido. Nunca se creyó eso que tenía que ver con su fama, solamente decía tímidamente”gracias” en los diferentes reconocimientos oficiales .

Según Daniel Altamirano, “La Oma es una de las canciones más queridas por la gente de todas las edades, nunca imaginé que esta simple letra produciría un milagro de tanta admiración y apetencia de los diferentes públicos del país por escuchar el tema y por saber si es cierto o no que La Oma existe”.

Desde entonces, La Oma es considerada como uno de los himnos fundamentales de la región, los detalles que se describen no sólo son un fiel reflejo paisajista , la mirada de Altamirano encierra el devenir del pueblo chaqueño.

Hoy quedó el recuerdo de su paso para siempre plasmado en la canción creada a partir de un poema escrito en 1975. Algunas de sus pertenencias  descansan en el museo Florentino Ameghino de Santa fe.
La Oma (abuela en alemán),  se apagó a los 87 años, sin embargo, encendió la llama de nuestro eterno reconocimiento. Fue enterrada en el cementerio de San Bernardo junto a su hija Gerda.

 

 

 

 

 

Autor entrada: NORA POSSETTI

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