“Piel Morena”, HORACIO GUARANY

Le gustaba definirse simplemente como “una negra candombera”, Y completaba expresando como una especie de plegaria: “Debes creer en tu raza. Palpitar y vibrar cuando entregues tu danza. Y cantar, y que tu canto sea un canto de esperanza. Si no, no eres candombera”.

Rosa Amelia Luna , que supo dejar boquiabiertos a tantos que gozaron con el baile, nació un 20 de junio del año 1937, entre las varias paredes del Conventillo Mediomundo, en Cuareim 1080. Uruguay.

Nació con tres mochilas sobre su exuberante cuerpo: mujer, negra y pobre.  No terminó la escuela porque su padrastro la obligó a desempeñarse como sirvienta. Abusada por él y sus patrones, abandonó su casa para enredarse en el mundo del hampa de la noche montevideana, entre fiolos y prostitutas, donde forjó su carácter. En 1968 protagonizó un hecho de sangre en el Café Antequera, y consiguió su libertad cuando todos los testigos señalaron que fue en defensa propia. Fue uno de los primeros casos de defensa propia en la historia judicial del país.

Su amor por el baile creció años más tarde en la cantina Yacumenzá desde donde salía la comparsa Morenada. Con el tiempo formó parte de las agrupaciones Zorros Negros, Morenada, Farándula Negra, Serenata Africana, La Candombera, Piel Morena, Festival Carnavalero, Fantasía Negra, Esclavos de Nyanza, Raíces, Marabunta, Canela y su Barakutanga, Palán Palán y Añoranzas Negras.

Fue la vedette más popular de la historia del Uruguay, y esta es su faceta más conocida, pero Rosa fue un personaje público de gran calado en la sociedad montevideana, con fuertes convicciones morales y sociales, y la disposición para luchar por ellas. Dueña de una gran conciencia social, Rosa Luna denunció activamente las vulnerabilidades de la población afrouruguaya y de las mujeres. Sobre eso escribía en su columna semanal en La República.

Rosa Luna decía que los hombres no miraban sus ojos, y que se enamoró y se casó con el único que sí lo hizo: José Raúl Abirad, 20 años menor que ella. Juntos adoptaron a un niño años después.

Tener una casa, perros y un hijo, eran los humildes anhelos de esta mujer a la que le cantaron Jaime Roos, Horacio Guarany, y tantos otros.

Emprendedora y aguerrida fundó su propia compañía, con su propia banda. Creaba coreografías, trajes, compuso canciones y las cantó. Dejó asentada sus memorias en una autobiografía titulada Sin tanga y sin tongo, en donde fiel a su estilo , y como el título lo indica, no calló nada. Allí reflexionó sobre su vida, las dificultades de la comunidad afro descendiente, el carnaval, el país y su política y sus sueños.

De acuerdo a su testimonio, fue la responsable de imponer la modalidad de que la vedette bailase delante de los tambores, como forma de sentir su toque más cerca. Frente a las críticas sobre a su paso clásico de candombe, Rosa decía no creer en las coreografías, “yo bailo sin parar, y con el alma”.

“Encabecé todas la comparsa hasta con 95 kilos, nadie nunca me dijo gorda. No discriminan la silueta, discriminan la actitud. Así, sin glamour ni vedettismo, me sentía la negra candombera más linda del mundo. Sale de mi rebeldía, propia de los que vivimos cascotrados de penas y amarguras, y se libera hasta que repique el último tambor”.

Rosa escribió la letra de numerosas canciones como: No calles nunca moreno, Candombera de mi raza, Chás Chás,Borocotó, Se viene el candombe, Este es mi país, Recuerdos de mi barrio, Montevideo, Duérmete Rulito, Te saludo Cuareim, África en mi Corazón, entre otras.

En 1993 Rosa Luna viajó a Toronto, Canadá. Allí su corazón falló, y la encontró la muerte. Miles de personas recibieron su cuerpo y lo acompañaron al sitio de su descanso final al ritmo de tambores.

Autor entrada: NORA POSSETTI

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